"La geometría es el arte de razonar bien sobre figuras mal hechas." Henri Poincaré (Francia 1854 – 1912).
Imagina que tienes una figura de papel, digamos un triángulo. Con unas tijeras, la cortas en tres o cuatro piezas y las vuelves a ensamblar para formar un rectángulo perfecto. Intuitivamente, sabemos que esto siempre es posible en el plano de dos dimensiones. Pero, ¿ocurre lo mismo en el espacio tridimensional si usamos un bisturí para cortar poliedros?
Esta pregunta, aparentemente sencilla, es el corazón del Tercer Problema de Hilbert presentado en el histórico Congreso Internacional de Matemáticos de París en 1900. Para entender la importancia del planteamiento, primero debemos definir el concepto de equidescomponibilidad (o congruencia por tijeras).
Decimos que dos figuras planas $A$ y $B$ son equidescomponibles si podemos dividir la figura $A$ en un número finito de piezas poligonales $P_1, P_2, \dots, P_n$ y, tras rotar o trasladar esas piezas sin superponerlas, volver a armarlas para obtener exactamente la figura $B$.
En el siglo XIX, el matemático húngaro Wolfgang Bolyai (Hungría 1775 – 1856) y el oficial prusiano Paul Gerwien (1799 - 1858) demostraron independientemente el Teorema de Bolyai-Gerwien:
Teorema: Dos polígonos en el plano tienen la misma área si y solo si son equidescomponibles.
Esto significa que, en 2D, el área y la descomposición mediante cortes rectos son conceptos equivalentes. Si dos figuras ocupan la misma superficie, siempre puedes pasar de una a otra usando solo un par de tijeras y una regla.
Al pasar al espacio tridimensional (3D), la idea intuitiva es que dos poliedros con el mismo volumen deberían poder cortarse en un número finito de piezas tetraédricas y reensamblarse el uno en el otro.
Sin embargo, en el cálculo del volumen de pirámides o tetraedros, los matemáticos se topaban constantemente con un obstáculo: el método de exhaustión de Arquímedes (o el Principio de Cavalieri), que requiere un proceso de límite infinito.
Hilbert se preguntaba: ¿Es realmente necesario recurrir al análisis matemático y al infinito para calcular el volumen de cuerpos con caras planas, o existe una forma puramente geométrica y finita (a base de cortes) de demostrar que dos poliedros del mismo volumen son equivalentes? Hilbert se enunció así su problema:
Dados dos tetraedros de la misma base y la misma altura (y por tanto, de igual volumen), ¿es siempre posible descomponer el primero en un número finito de tetraedros más pequeños y reensamblarlos para formar el segundo?
A finales del siglo XIX podemos resumir el conocimiento sobre estos temas de la siguiente manera:
Aspecto |
Geometría Plana (2D) |
Geometría Espacial (3D) |
Cálculo de Área/Volumen |
Suma finita de triángulos |
Requiere integración / límites infinitos |
Equidescomponibilidad |
Demostrada (Bolyai-Gerwien) |
¿Desconocida hasta 1900? |
Herramientas necesarias |
Álgebra y geometría elemental |
Análisis matemático avanzado |
Hilbert estaba profundamente interesado en los fundamentos de la geometría. En 1899 había publicado sus Grundlagen der Geometrie (Fundamentos de la Geometría), donde axiomatizó la geometría euclidiana con una rigurosidad nunca antes vista.
En la tradición griega, la geometría plana se construía sin necesidad del concepto numérico de "área continuous" gracias a las transformaciones finitas. Pero para los sólidos en 3D (como la pirámide), ni Euclides ni Gauss habían logrado evitar el cálculo infinitesimal.
Hilbert sospechaba firmemente que la respuesta al problema era NO: creía que existían poliedros de igual volumen que jamás podrían convertirse el uno en el otro mediante un número finito de cortes planos. De confirmarse su intuición, se demostraría que el análisis matemático y el uso del infinito son estrictamente indispensables para medir el espacio tridimensional.
Lo que no imaginaba Hilbert era que la respuesta a su tercer problema ya estaba prácticamente terminada en la mente de uno de sus propios estudiantes al momento de su conferencia. Este problema fue el primero de la lista en ser resuelto, y su solución tardó apenas unos meses después de la conferencia de Hilbert en París.
En 1901, Max Dehn (Alemania 1878 – 1952), publicó la demostración que resolvía negativamente la conjetura de Hilbert, convirtiéndolo en el primer problema de la lista en ser tachado.
Para demostrar que dos cosas con el mismo volumen no son equidescomponibles, Dehn inventó una "firma matemática" o una "huella digital" para cada poliedro, un valor que nunca cambia cuando cortas el poliedro y lo vuelves a armar. En matemáticas, esto se conoce como un invariante.
Si cortas un poliedro $P$ en piezas $P_1, P_2, \dots, P_k$ y reorganizas esas piezas para formar $Q$, entonces:
$$\text{Invariante}(P) = \sum_{i=1}^k \text{Invariante}(P_i) = \text{Invariante}(Q)$$
Por lo tanto, si encuentras dos poliedros $P$ y $Q$ con el mismo volumen pero con diferente invariante, ¡es matemáticamente imposible transformar uno en el otro usando tijeras!
El invariante diseñado por Dehn combina dos datos de cada arista del poliedro:
La longitud de la arista ($l_i$).
El ángulo diedro ($\theta_i$) formado por las dos caras que se cruzan en esa arista.
El Invariante de Dehn (denotado como $D(P)$) se define como una suma sobre todas las aristas del sólido:
$$D(P) = \sum l_i \otimes \theta_i$$
Donde $\theta_i$ se mide en términos de múltiplos de $\pi$ (mód $\pi$) y $\otimes$ es el producto tensorial entre la arista y el ángulo.
No es objetivo de este artículo adentrarnos en la definición y propìedades del producto tensorial, solo basta con conocer que si el ángulo $\theta$ es múltiplo racional de $\pi$ el producto tensorial será cero.
Para un cubo perfecto de lado $1$:
Todas sus aristas miden $1$.
Todos sus ángulos diedros son de $90^\circ$ ($\frac{\pi}{2}$).
Como el ángulo es un múltiplo racional de $\pi$, su Invariante de Dehn se anula completamente: $D(\text{Cubo}) = 0$.
Ahora tomemos un tetraedro regular de volumen 1 (con 4 caras triangulares equiláteras):
Todas sus aristas miden $l = \sqrt[3]{6\sqrt{2}} \approx 2.0396$.
Sus ángulos diedros son $\arccos(1/3)$, un ángulo cuyos múltiplos no son racionales respecto a $\pi$.
Al calcular su invariante, el resultado nunca es cero: $D(\text{Tetraedro Regular}) \neq 0$.
Dado que un cubo y un tetraedro regular de igual volumen tienen distintos invariantes de Dehn ($0$ versus un valor distinto de cero), es imposible descomponer un tetraedro regular en piezas finitas y construir un cubo con ellas. De manera que la intuición de Hilbert era totalmente acertada.
La resolución del Tercer Problema de Hilbert no fue solo un triunfo intelectual rápido; dejó huellas profundas en la matemática del siglo XX por varias razones fundamentales:
Separación de dimensiones: Demostró que la geometría en 3D es fundamentalmente más compleja que la geometría en 2D. Lo que en el plano se soluciona con aritmética finita, en el espacio requiere la topología y el análisis.
Justificación del Cálculo: Confirmó de manera inapelable que el análisis infinitesimal y el concepto de límite (desarrollados por Newton y Leibniz) no son "trucos" para calcular volúmenes rápidamente, sino herramientas lógicas necesarias. No existe un atajo puramente algebraico o finito para medir el volumen de los poliedros.
Nacimiento del Teorema de Sydler (1965): Décadas más tarde, el matemático Jean-Pierre Sydler (Suiza 1921 – 1988) demostró el inverso completo del trabajo de Dehn: dos poliedros en el espacio 3D son equidescomponibles si y solo si tienen exactamente el mismo volumen y el mismo invariante de Dehn.
Conexiones con el Álgebra Abstracta: La construcción del invariante de Dehn requirió formalizar el producto tensorial sobre grupos ($A \otimes B$), una herramienta que más tarde se convertiría en un pilar del álgebra homológica y la topología algebraica.
El Tercer Problema de Hilbert nos enseña una lección hermosa sobre la naturaleza de la matemática: a veces, para responder a la pregunta más básica sobre un objeto físico tridimensional, debemos construir estructuras abstractas completamente nuevas. Lo que comenzó como un juego de cortes y pliegues terminó revelando la frontera exacta donde termina la geometría elemental y comienza el cálculo infinito.
Deberias escribir algo sobre el nuevo mapa de la ONU y su relación con la Matemática y la Geometría
ResponderEliminarGracias Araya, un tema interesante relacionado precisamente con la imposibilidad de convertir una esfera en un plano, que tiene además, tintes geopolíticos muy actuales. Un abrazo
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