"Las matemáticas solo revelan sus secretos a quienes las aman lo suficiente como para ser pacientes con ellas". Maryam Mirzakhani (Irán n.12-05-1977 m.14-07-2017)
Como sabemos no existe Premio Nobel en las Matemáticas, esto último
puede ser tema de un post posterior. El matemático canadiense John Charles
Fields (Canadá 1863 – 1932), siempre estuvo obsesionado con la idea de crear un
premio que uniera a la comunidad matemática internacional, su intención no era
solo premiar el trabajo realizado, sino servir de estímulo para futuros logros
y como apoyo para la colaboración internacional. Aunque no pudo ver
materializada su idea dejó instrucciones muy claras en su testamento y una
donación de 47,000 dólares, una fortuna en esa época, para financiar las
medallas.
En el Congreso de Oslo en 1936 se entregan las dos primeras medallas de
la historia al finlandés Lars Ahlfors (Finlandia 1907 – 1996) y al estadounidense
Jesse Douglas (EE.UU. 1897 – 1965). A diferencia de los Premios Nobel, que
suelen otorgarse por carreras consolidadas, la Medalla Fields tiene una regla
de oro que la hace única y feroz: solo se entrega a matemáticos menores de 40
años. Se otorga cada cuatro años durante el Congreso Internacional de
Matemáticos (ICM), y se entrega a un máximo de cuatro personas por edición.
Aunque este ha sido un mundo también dominado por hombres, hay mujeres
que sobresalen por méritos propios y han dejado huellas tan grandes e
importantes como el mejor de los matemáticos hombre. Una de estas matemáticas es,
sin duda, la iraní Maryam Mirzakhani, quien recibió la Medalla Fields en 2014
por sus trabajos sobre sobre geometría y dinámica, el
trabajo de Mirzakhani se centró en objetos complejos que desafían la intuición
común.
La historia de Maryam no empezó con una pasión innata por los números.
De niña, en Teherán, su sueño era ser escritora. Fue en la escuela secundaria
donde un profesor le planteó un reto matemático que despertó su curiosidad. Al
principio no le iba bien en la materia, pero su hermano mayor le contó un
problema sobre la suma de números del 1 al 100 (el famoso truco de Gauss), y
esa elegancia lógica la cautivó. En 1994 y 1995, se convirtió en la primera
mujer iraní en ganar una medalla de oro en las Olimpiadas Internacionales de
Matemáticas, logrando una puntuación perfecta en su segundo año.
A Mirzakhani se le conoce como ‘La Arquitecta de las Superficies
Imposibles”. A ella no le gustaban las soluciones rápidas. Su proceso era lento,
deliberado y profundamente visual. Solía poner enormes pliegos de papel blanco
en el suelo de su casa con dibujos, diagramas y fórmulas. Su hija describía su
trabajo como "pintura", y en cierto modo lo era: estaba retratando la
estructura de mundos abstractos. Es conocida su frase: "No tengo una
receta particular... es como estar perdido en una selva y tratar de usar todo
el conocimiento que puedes reunir para idear algunos trucos nuevos, y con un
poco de suerte, encuentras una salida".
Los dos pilares fundamentales del trabajo de Maryam Mirzakhani se
centran en las Superficies de Riemann y Espacios de Módulos. Maryam estudió la
geometría de las superficies que pueden tener múltiples "asas" (como
una taza de café), específicamente sus geodésicas, que son las trayectorias más
cortas entre dos puntos en una superficie curva. Si cada superficie de Riemann
es un "punto" en un mapa más grande, ese mapa es el “Espacio de
Módulos”. Mirzakhani calculó el volumen de estos espacios de una manera que
nadie había logrado antes, conectando conceptos de topología, geometría
hiperbólica y sistemas dinámicos.
Aunque su investigación pertenece a las matemáticas puras, las
implicaciones de sus teoremas resuenan en otras áreas. Sus hallazgos son
fundamentales para la Física Teórica, con aplicaciones en la teoría de cuerdas
y la cosmología, ayudando a entender la forma del universo. Estudió cómo
evolucionan los sistemas en el tiempo, por ejemplo, el movimiento de una bola
de billar en una mesa con formas complejas.
Maryam nos dejó prematuramente a los 40 años, falleció en el 2017 a causa de un cáncer de mama. Sin embargo, su impacto es eterno. Nos enseñó que la persistencia es clave: No se trata de ser el más rápido, sino de tener la tenacidad de ver un problema desde ángulos que otros ignoran. Para ella, las matemáticas eran una forma de arte, su Medalla Fields fue un punto de inflexión para todas las mujeres que se dedican a las ciencias.
Hoy, su nombre no solo representa excelencia académica, sino también la
promesa de que las matemáticas son un territorio abierto para cualquier mente
curiosa que no tenga miedo de "perderse en la selva".
No hay comentarios:
Publicar un comentario