"Dios creó los polinomios de Jacobi; todo lo demás es obra del
hombre." Richard Askey (EE.UU. n.04-06-1933 m.09-10-2019)
En principio pareciera que La Teoría de Números y la Teoría de los
Polinomios Ortogonales son dos ramas completamente separadas. Por un lado, la Teoría
de Números estudia los números primos: esos ladrillos discretos, rebeldes y
aparentemente caóticos que construyen la aritmética. Por otro, los Polinomios
Ortogonales, son las herramientas que permiten que Netflix cargue rápido, que
los ingenieros predigan la estabilidad de un puente y que los físicos entiendan
el átomo de hidrógeno, usados también para garantizar la estabilidad en las señales
Wi-Fi y telefónicas, corrección exacta de la visión, para diseñar alas de aviones,
comprimir archivos de audio o determinar la precisión exacta del mapa en un teléfono
móvil.
Sin embargo, en la frontera de la matemática moderna, estos dos
universos han colisionado, revelando que los números primos tienen una
estructura musical, y los polinomios ortogonales son su partitura.
La Teoría de Números es tan antigua como las matemáticas mismas, su
origen es puramente práctico (contar objetos), pero su desarrollo es una odisea
de abstracción que hoy protege tus datos bancarios.
Si la Teoría de Números es la "Reina de las Matemáticas", los Polinomios
Ortogonales son sus "Arquitectos". Su historia es el viaje de una
herramienta que nació para resolver problemas de astronomía y terminó siendo la
columna vertebral de la física moderna.
Los polinomios ortogonales juegan un papel decisivo en la teoría de
aproximación. Es comparable a tener las piezas exactas de un rompecabezas para
recrear una imagen: te permiten construir una función complicada usando piezas
simples (polinomios) de la manera más eficiente posible.
El nacimiento de los polinomios ortogonales lo podemos situar en el
siglo XVIII con los trabajos del matemático Adrien-Marie Legendre (Francia 1752
– 1833) quien estudiando problemas de astronomía y gravedad introdujo en 1784
los polinomios de Legendre. Durante el siglo XIX Chebyshev (Rusia 1821 – 1894)
en sus trabajos de mecánica de vapor y problemas de aproximación introduce los polinomios
de Chebyshev. Entre los años 1840 -1851 Carl Gustav Jacobi (Alemania 1804
-1851) introduce una familia mucho más amplia que engloba a casi todas las
anteriores, el gran mérito de Jacobi fue entender que todos estos polinomios
formaban parte de una misma familia de soluciones, antes de Jacobi, los
matemáticos trataban a los de Legendre y Chebyshev como herramientas distintas.
Durante los siglos XX y XXI la teoría ha seguido desarrollándose con
aplicaciones a espacios de funciones y la mecánica cuántica, así como a la computación,
IA y señales digitales.
Dicho lo anterior, nuestro interés es destacar los nexos y puntos de
contacto de los Polinomios Ortogonales con la Teoría de Números, de alguna
manera comentar por qué los Números Primos "bailan" al son de los
Polinomios Ortogonales.
Todo comienza con la Función Zeta de Riemann ($\zeta$). Bernhard Riemann (Alemania 1826 – 1866)
Originalmente, para un número real $s > 1$, la función zeta se define
como una suma infinita:
$$\zeta(s) = \sum_{n=1}^{\infty} \frac{1}{n^s} = \frac{1}{1^s} +
\frac{1}{2^s} + \frac{1}{3^s} + \dots$$
Como descubrió Euler, esta función es capaz de "empaquetar" a
todos los números primos en un solo objeto matemático a través de su famoso
producto:
$$\zeta(s) = \prod_{p \in
\text{Primos}} \frac{1}{1 - p^{-s}}$$
Pero el misterio no está en la suma, sino en sus ceros. En 1859 Riemann
extiende la suma anterior al plano complejo. Al llevar la función al
terreno de los números complejos, Riemann descubrió que la distribución de los
números primos está íntimamente ligada a los ceros de esta función. Los
puntos donde esta función vale cero dictan la posición de los números primos.
Y entonces ocurre la magia. En los años 70 del siglo XX, se descubrió
que la forma en que estos ceros se distribuyen en el plano complejo no es
aleatoria, se "repelen" entre sí de una manera muy específica. Esta
repulsión es idéntica a la que muestran las raíces de los Polinomios de Hermite
y Laguerre cuando se usan para modelar los niveles de energía en física
cuántica.
Esto no es solo teoría pura, dado que los Polinomios de Chebyshev “son
maestros” en minimizar el error, en teoría de números se utilizan para acotar
los números primos ya que ayudan a demostrar teoremas sobre cuántos primos hay
en un intervalo dado, además se usan para demostrar que números como $\pi$ o
$\zeta(3)$ no pueden ser racionales, lo que conecta a los Polinomios Ortogonales
con el estudio de la irracionalidad.
Esta conexión sugiere que el aparente caos de los números primos es solo
una ilusión. Si podemos entender la "armonía" de los polinomios
ortogonales, podremos entender la Hipótesis de Riemann: “todos los ceros no
triviales de la función zeta tienen una parte real exactamente igual a $1/2$”, así
como mejorar la criptografía, hoy casi toda nuestra seguridad digital depende
de que no entendemos bien a los primos, si encontramos su "ritmo"
polinómico, la seguridad tal como la conocemos cambiaría.
La relación entre los polinomios ortogonales y la teoría de números nos
enseña que la continuidad del análisis y la discreción de la aritmética son dos
caras de la misma moneda. Los primos, que parecen brotar al azar, siguen en
realidad las estrictas leyes de simetría y equilibrio que rigen a los
polinomios. Cada vez que envías un mensaje cifrado o escuchas un MP3, estás
usando indirectamente esta conexión. La compresión de datos y la seguridad
matemática beben de la misma fuente: el orden que emerge de la ortogonalidad.
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