"No hay nada tan práctico como una buena teoría". Ludwig Boltzmann
(Austria n.20-02-1844 m.05-09-1906)
Cuando lanzas algo al aire, parece que sigue una curva natural, pero esa
curva no es casualidad. Es el resultado de una pelea constante entre fuerzas, y
las matemáticas son las que llevan la cuenta de quién va ganando.
El movimiento de un proyectil es un baile entre la inercia (querer
seguir derecho) y la gravedad (querer caer). Las ecuaciones diferenciales son
el lenguaje que usamos para describir ese baile paso a paso, milímetro a
milímetro. Sin ellas, lanzar un satélite al espacio o simplemente encestar una
canasta sería pura suerte.
Durante casi 2,000 años, nadie puso en dudas lo que decía el filósofo
griego Aristóteles (Grecia 384 – 322 AC). Él pensaba que, si lanzabas una bala
de cañón, esta se movía en línea recta hasta que se le "acababa el
impulso" y, en ese momento, caía verticalmente hacia el suelo.
Era una idea lógica para la época, pero cualquiera que hubiera visto un
cañón disparar sabía que algo no encajaba. Las balas no caían en ángulo recto;
hacían una curva. Sin embargo, nadie sabía cómo explicar esa curva con números.
El primero en modelar esto de verdad fue Galileo Galilei (Italia 1564 –
1642) a principios del siglo XVII. Galileo hizo algo revolucionario: en lugar
de solo observar, se puso a experimentar con planos inclinados y bolas de
metal. Su gran descubrimiento fue el Principio de Superposición. Se dio cuenta
de que el movimiento de un proyectil no era una sola cosa, sino la suma de dos
movimientos independientes que ocurren al mismo tiempo:
- Movimiento Horizontal: A velocidad constante (si no hay aire).
- Movimiento Vertical: Una caída libre acelerada por la gravedad.
Al combinar estos dos movimientos en un papel, apareció una parábola.
Galileo demostró matemáticamente que la trayectoria ideal de un proyectil es
una curva parabólica perfecta. Esto fue un golpe directo a la ciencia antigua y
el nacimiento de la física moderna.
Isaac Newton (Reino Unido 1642 – 1627) fue el primero en escribir el
problema como una “Ecuación Diferencial”. Él no solo quería saber dónde caía la
bala de cañón, sino que quería entender cómo cambiaba su velocidad en cada
millonésima de segundo.
Newton nos dice que la fuerza neta sobre un objeto es igual a su masa
por su aceleración ($F = m \cdot a$). En un proyectil, si despreciamos la
resistencia del aire, la única fuerza que actúa es la gravedad.
El análisis de la trayectoria del proyectil lo podemos reducir al
movimiento en un plano, pues lo que nos interesa es estudiar “la línea” que
sigue el proyectil. De manera que, teniendo en cuenta que la aceleración es la
segunda derivada de la posición con respecto al tiempo, llegamos al siguiente
sistema de ecuaciones diferenciales de segundo orden:
- $m \frac{d^2x}{dt^2} = 0$, en el eje horizontal no hay fuerzas dado que hemos despreciado el aire.
- $m \frac{d^2y}{dt^2} = -mg$, en el eje vertical la fuerza es el peso.
Aquí $m$ es la masa del proyectil.
La solución de este sistema de ecuaciones diferenciales es la parábola:
$$y = (v_0 \sin \theta) \left(
\frac{x}{v_0 \cos \theta} \right) - \frac{1}{2}g \left( \frac{x}{v_0 \cos
\theta} \right)^2$$
Donde $v_0$ es la velocidad de salida del proyectil y $\theta$ el ángulo
de salida.
Como podemos apreciar la función anterior es una parábola del tipo $y =
ax - bx^2$. Es decir, el primer termino representa hacia dónde iría el
proyectil si no hubiera gravedad, el segundo término "tira" de la
trayectoria hacia abajo, al tener una $x^2$ con signo negativo, hace que la
curva se doble hacia el suelo.
La solución anterior nos permite afirmar que, al no depender de la masa
(fijémonos que $m$ no aparece en la expresión de la solución), se confirma lo
que decía Galileo: una bala de cañón y una canica siguen la misma curva si se
lanzan igual y no hay aire. Por otro lado, si quieres que el alcance sea el
máximo, 45° es el ángulo ideal porque equilibra perfectamente el tiempo que el
objeto pasa en el aire con la velocidad a la que avanza, algo que también había
confirmado Galileo en sus observaciones y experimentos.
En el siglo XVIII los matemáticos se dieron cuenta de que las parábolas
de Galileo eran demasiado "bonitas" para ser verdad. En el mundo
real, los cañones no disparaban tan lejos como decía la teoría de Galileo
porque el aire frenaba las balas.
Ellos empezaron a añadir términos de "fricción" a las
ecuaciones de Newton. Como estas nuevas ecuaciones eran imposibles de resolver
con papel y lápiz de forma exacta, inventaron métodos para aproximar la
respuesta paso a paso, ver https://gilbeworld.blogspot.com/2026/02/metodos-numericos-en-las-ecuaciones.html. Esos mismos métodos son los que
hoy usan las computadoras de los aviones para navegar.
Si Galileo fue quien descubrió la forma de la curva y Newton quien dio
las leyes del movimiento, Leonhard Euler (Suiza 1707 – 1783) fue quien
"aterrizó" las matemáticas al mundo real. Euler sabía que las
ecuaciones de Galileo fallaban por mucho cuando se disparaban balas de cañón a
grandes velocidades. El aire no es un vacío; ofrece una resistencia feroz,
introdujo entonces en las ecuaciones diferenciales el término de arrastre o
fricción. Su ecuación sería algo así:
$$\text{Aceleración} = \text{Gravedad} - (\text{Resistencia del aire})$$
El problema es que la resistencia del aire depende de la velocidad al
cuadrado ($v^2$). Esto convertía una ecuación sencilla en una ecuación
diferencial "no lineal", algo que no se puede resolver con una
fórmula simple, de ahí que sus trabajos se centraron en soluciones numéricas y
de aproximación para estas ecuaciones.
Euler tradujo y amplió un libro sobre balística del inglés Benjamin
Robins. Sus notas eran tan extensas y brillantes que el libro se convirtió en
el manual estándar para todos los ejércitos de Europa. Calculó tablas de tiro
que decían a los artilleros: "Si el aire está así y tu bala pesa tanto,
no apuntes a 45°, apunta a este ángulo específico". Convirtió el arte
de la guerra en una ciencia de precisión.
Si Galileo nos dio el mapa ideal, Euler nos dio el manual de
instrucciones para el mundo real. Fue el primero en entender que para predecir
el futuro de un objeto en movimiento, a veces no basta con una fórmula, sino
que hay que seguirlo paso a paso, milímetro a milímetro.
Lo que empezó como una duda de Galileo mirando piedras rodar, y se
convirtió en una ley universal con Newton, hoy es el lenguaje que permite que
nuestro mundo moderno funcione. Las ecuaciones diferenciales de los proyectiles
no son solo garabatos en un cuaderno de física; son las reglas del juego de la
realidad.
Hoy en día, el legado de Galileo, Newton y Euler vive en el código de
nuestra tecnología más avanzada. El problema del proyectil se resuelve millones
de veces en los procesadores de los motores de física de videojuegos, que
calculan trayectorias realistas para que te sumerjas en la acción. Es la base
que permite a SpaceX aterrizar cohetes de forma autónoma, a los drones
estabilizarse frente a ráfagas de viento y a los sistemas de navegación de los
aviones corregir su ruta en tiempo real.
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