"Fermat no era un matemático profesional,
sino un aficionado, y este hecho ha animado a generaciones de aficionados a
intentar resolver su problema". Simon Singh (Reino Unido n.19-09-1964)
El mundo de las matemáticas no suele ocupar los titulares de la prensa
generalista, pero existe un enigma que logró romper las barreras de la academia
para convertirse en una leyenda popular. Se trata del Último Teorema de Fermat,
una afirmación tan simple de entender que un niño podría comprenderla, pero tan
endiabladamente difícil que los mejores cerebros del planeta tardaron 358 años
en resolverla.
La historia comienza en 1637. Pierre de Fermat (Francia 1601 – 1665), un
jurista francés apasionado por los números estaba estudiando una copia de la Aritmética
de Diofanto. Al llegar a la sección sobre el Teorema de Pitágoras, la famosa
ecuación $x^2 + y^2 = z^2$, Fermat escribió en el margen una nota que
atormentaría a la posteridad:
Fermat afirmaba que la ecuación $x^n + y^n = z^n$ no tiene soluciones
enteras positivas para cualquier valor de $n > 2$.
El Último Teorema de Fermat tiene una propiedad lógica muy útil: si
logras demostrar que el teorema es cierto para un exponente $n$,
automáticamente es cierto para todos los múltiplos de $n$.
Efectivamente, sea $m=a*n$. Si existiera una solución para $x^m + y^m =
z^m$, podríamos escribirla como:
$$(x^a)^n + (y^a)^n = (z^a)^n$$
Esto significaría que habríamos encontrado una solución para el caso $n$,
usando los números $A=x^a$, $B=y^a$, $C=z^a$. Por lo tanto, si sabemos que $n$
no tiene soluciones $m=a*n$ tampoco puede tenerlas.
Gracias a esta lógica, para demostrar el teorema para todos los números naturales
solo hace falta demostrarlo para:
- $n=4$
(el único caso de potencia de 2 necesario, ya que todos los números pares
mayores que 2 son múltiplos de 4 o contienen un factor primo impar).
- Todos
los números primos impares.
Curiosamente, la única demostración que Fermat sí dejó escrita en
detalle fue para el caso $n=4$. Para ello utilizó una técnica elegante y
poderosa llamada “Descenso Infinito”. La prueba funciona por contradicción. Suponemos
que existe una solución entera mínima para $x^4 + y^4 = z^4$. Mediante
manipulaciones algebraicas y propiedades de las ternas pitagóricas, demostramos
que, si existe esa solución, debe existir otra solución aún más pequeña. Como
los números enteros positivos no pueden disminuir infinitamente (siempre
llegaríamos al 1), la existencia de una solución inicial es imposible.
Hagamos un esbozo breve de esta demostración. Aquí lo importante es
notar que si demostramos que $x^4 + y^4 = z^2$ (1) no tiene solución,
automáticamente demostramos que $x^4 + y^4 = z^4$ (2) tampoco la
tiene, pues si (2) tuviera solución, digamos (x,y,z), entonces la terna
(x,y,w), con $w=z^2$ seria solución de (1).
Supongamos que existe tal solución y sea la terna $(x^2, y^2, z)$ una
terna pitagórica. Aplicando la fórmula de Euclides para generar ternas Pitagóricas,
sabemos que existen sendos números a y b que satisfacen:
- $x^2 = a^2 - b^2$
- $y^2 = 2ab$
- $z = a^2 + b^2$
De $x^2 = a^2 - b^2$, obtenemos $x^2 + b^2 = a^2$. Esto implica que $(x,
b, a)$ es otra terna pitagórica. Aplicando la fórmula de nuevo:
- $b = 2pq$
- $x = p^2 - q^2$
- $a = p^2 + q^2$
Si sustituimos esto en $y^2 = 2ab$, obtenemos $y^2 = 2(p^2 + q^2)(2pq) =
4pq(p^2 + q^2)$. Para que esto sea un cuadrado perfecto, $p$, $q$ y $(p^2 +
q^2)$ deben ser cuadrados perfectos. Digamos:
$p = u^2, q = v^2, p^2 + q^2 = w^2$.
Sustituyendo, llegamos a:
$$(u^2)^2 + (v^2)^2 = w^2 \implies u^4 + v^4 = w^2$$
Hemos encontrado una nueva solución $(u, v, w)$ de la ecuación (1), y lo más importante: $w < z$. Este proceso podría repetirse eternamente, lo cual es imposible en los números naturales. Por tanto, no hay solución para el caso n=4.
Tras la muerte de Fermat, su hijo publicó la edición de la Aritmética
con las notas marginales de su padre. A partir de ahí, comenzó una cacería
intelectual que duraría siglos.
Leonhard Euler (Suiza 1707 – 1783) en el siglo XVIII logró demostrar el
teorema para $n=3$. Para ello, tuvo que introducir números complejos en la
teoría de números, una técnica revolucionaria para la época. Euler publicó esta
demostración en 1770, pero técnicamente contenía un error que se solventó años
después. Euler utilizó también el método del Descenso Infinito para el caso
$n=3$. Para que funcionara, necesitaba trabajar con expresiones de la forma
$a^2 + 3b^2$.
Él asumió que estas expresiones se comportaban como los números enteros
normales. Es decir, asumió que, si un número de esa forma dividía a un cubo,
sus factores también debían ser de esa misma forma. Sin embargo, Euler estaba
usando, sin saberlo, las propiedades de esos números. Trabajó con números
complejos de la forma: $a + b\sqrt{-3}$,el problema es que Euler dio por hecho
que en ese sistema numérico existía la factorización única. La ironía es que,
para el caso específico de $a + b\sqrt{-3}$, la factorización única no siempre
funciona de la misma manera que en los enteros.
Euler no demostró que este sistema de números complejos fuera "bien
portado", simplemente lo usó como si fuera aritmética básica. Pero resulta
que, por pura suerte matemática, las propiedades que él necesitaba para $n=3$
sí se cumplen en ese sistema particular, aunque él no las probó formalmente.
Gotthold
Eisenstein (Alemania 1823 – 1852), fue un "corrector
histórico" en la historia del Último Teorema de Fermat. Aunque el caso $n=3$ se le atribuye a Euler, la estructura matemática que lo hace riguroso y comprensible hoy en día es la que proporcionan los llamados Enteros
de Eisenstein.
Para resolver $x^3 + y^3 = z^3$ Eisenstein formalizó un
conjunto de números complejos que viven en un plano con geometría hexagonal.
Estos números tienen la forma: $a + b\omega$, donde $\omega$ es la
raíz cúbica compleja de la unidad: $\omega = e^{2\pi i / 3} = \frac{-1 +
i\sqrt{3}}{2}$.
Mientras que los enteros normales se alinean en una recta, los de
Eisenstein forman una red triangular en el plano complejo. Esta estructura es
la que encaja perfectamente con la potencia cúbica. Como comentamos, Euler usó
números de la forma $a + b\sqrt{-3}$, pero tuvo problemas porque ese sistema no
es un "Dominio de Factorización Única" (DFU), sin embargo, los
Enteros de Eisenstein sí son un DFU. Esto significa que en el mundo de
Eisenstein al usar “su aritmética”, el paso que Euler "asumió" (que
si un producto es un cubo, sus factores deben ser cubos) se vuelve demostrable
y legal.
Eisenstein no solo ayudó con el caso n=3. Su trabajo fue pionero en el
estudio de los enteros ciclotómicos (números basados en dividir un círculo en
partes iguales). Eisenstein demostró que estos sistemas numéricos tienen leyes
de reciprocidad muy potentes. Gracias a él, los matemáticos entendieron que
para resolver el Teorema de Fermat para un exponente $n$, debían
"mudarse" de los números enteros a estos nuevos sistemas complejos.
En resumen: Euler tiene el crédito
de haber tenido la idea correcta y el camino lógico (descenso infinito +
números complejos), pero su demostración no sería aceptada hoy en un examen de
matemáticas moderno por falta de rigor en la teoría de números algebraicos.
Sophie Germain (Francia 1776 – 1831), en el siglo XIX, una era donde las
mujeres tenían prohibido el acceso a la alta matemática, ver https://gilbeworld.blogspot.com/2026/02/pioneras-las-duenas-del-siglo-xix.html,
desarrolló una estrategia para demostrar el teorema para una clase entera de
números primos (los "Primos de Germain"), permitiendo avances
críticos para $n=5$ y $n=7$.
La contribución de Sophie Germain marcó un antes y un después en la
historia del teorema. Antes de ella, los matemáticos intentaban atacar el
problema exponente por exponente ($n=3$, luego $n=4$, luego $n=5$). Germain fue
la primera en intentar una estrategia general para una familia infinita de
exponentes. Germain fue la primera en dividir formalmente el problema en dos
situaciones lógicamente distintas para un exponente primo $p$:
- Caso I: Ninguno de los números $x, y, z$ es divisible por $p$.
- Caso II: Al menos uno de los números $x, y, z$ es divisible por $p$.
Esta distinción fue crucial porque el Caso I es significativamente más
fácil de atacar. Sophie Germain concentró sus esfuerzos allí, logrando
resultados que asombraron a la comunidad matemática. Su técnica se basaba en
una propiedad de ciertos números primos que hoy llevan su nombre, los Primos de
Germain.
Un número primo $p$ es un Primo de Germain si $2p + 1$ también es un
número primo. Los resultados de su investigación, que envió a Gauss, aunque realmente
fue publicado por Legendre (Francia 1752 – 1853) en 1823, establecía lo
siguiente: Si $p$ es un número primo impar y existe un "primo
auxiliar" $\theta$ (como $\theta = 2p+1$) que cumple ciertas condiciones
de congruencia (específicamente, que no existan dos residuos de potencias
$p$-ésimas cuya diferencia sea 1 módulo $\theta$), entonces el Caso I del
Último Teorema de Fermat es cierto para el exponente $p$.
De un solo golpe, demostró que
para todos los primos $p < 100$, no existían soluciones para el Caso I. Esto
incluía casos que nadie había podido tocar, como $n=5, 7, 11, 13, \dots$ hasta
el $97$. Fue un salto de gigante: pasó de demostrar números individuales a
demostrar una propiedad general para una clase de números. La técnica de
Germain era puramente aritmética modular. Su razonamiento era el siguiente: si
$x^p + y^p = z^p$ tiene solución, entonces al observar la ecuación bajo un
módulo $\theta$ (donde $\theta = 2np + 1$), las opciones para $x, y, z$ se
reducen drásticamente.
Demostró que para que la ecuación se cumpla, uno de los términos $x, y$
o $z$ debe ser múltiplo de $p^2$ o de $\theta$. Al aplicar estas restricciones
de forma sucesiva, generaba una contradicción que invalidaba la existencia de
soluciones en el Caso I.
Aunque Germain no terminó la prueba completa para $n=5$ (que incluye el
Caso II), sus métodos fueron la base sobre la cual Dirichlet (Alemania 1805 –
1859) y Legendre finalmente cerraron ese caso en 1825. Sin el marco teórico que
ella construyó sobre la divisibilidad y los primos auxiliares, el avance habría
tardado décadas más. Su trabajo fue la única contribución importante al teorema
durante casi 100 años que no se basó en el descenso infinito de Fermat, sino en
una comprensión profunda de la estructura de los números primos.
A mediados del siglo XIX, los matemáticos estaban frustrados: habían
resuelto los casos $n=3, 4, 5$ y $7$, pero cada nuevo número primo requería una
demostración completamente diferente y más difícil. Como vimos con Euler y
Eisenstein, para atacar $x^p + y^p = z^p$, los matemáticos usaban números
complejos llamados enteros ciclotómicos.
En este escenario, el matemático alemán Ernst Kummer (Alemania 1810 –
1893) descubrió algo significativo: para primos mayores o iguales a 23, la
factorización única deja de funcionar. En esos mundos numéricos, un número
puede descomponerse en primos de dos formas distintas. Esto destruía cualquier
intento de usar el método de Fermat del Descenso Infinito. Para arreglar este “desastre”,
Kummer inventó los "números ideales" y midió qué tan "mal"
se comportaba un número primo mediante algo llamado el número de clase ($h$). Un primo $p$ es regular si no divide
al número de clase ($h$) de su correspondiente campo ciclotómico.
Si un primo es regular, Kummer demostró que, aunque la factorización
única no funcione perfectamente, todavía se pueden usar herramientas
algebraicas para "forzar" que el Último Teorema de Fermat sea cierto.
Kummer logró demostrar de un solo golpe que el Teorema de Fermat es cierto para
todos los primos regulares.
Un primo es irregular si divide a su propio número de clase. En estos
casos, la estructura aritmética es tan compleja que la demostración de Kummer
no funciona. Kummer encontró una forma asombrosa de saber si un primo es
irregular sin tener que calcular el número de clase. Un primo $p$ es irregular
si divide al numerador de alguno de los Números de Bernoulli ($B_k$) hasta el
índice $p-3$.
El primer primo irregular es el 37 porque el 37 divide al numerador del
32º número de Bernoulli ($B_{32} = -\frac{7709321041217}{510}$, y $7.709.321.041.217
\div 37 = 208.360.028.141$). Otros primos irregulares son el 59, 67, 101, 103.
Gracias a Kummer, el Teorema de Fermat pasó de ser un problema de
"adivinar números" a un problema de Estructura Algebraica. Kummer
resolvió el teorema para todos los números menores a 100, excepto para los
irregulares 37, 59 y 67.
Esto dejó claro que, para resolver el teorema de forma general, no
podíamos ir "primo por primo", se necesitaba una teoría que englobara
a todos los números a la vez, y esa fue la que Andrew Wiles (Reino Unido 1953)
construyó 150 años después.
Durante mucho tiempo, el Teorema de Fermat se consideró una curiosidad
aislada. Todo cambió cuando se trazó un puente entre dos áreas inconexas: las Curvas
Elípticas y las Formas Modulares.
El origen se remonta a septiembre de 1955. Durante el Simposio
Internacional sobre Teoría de Números en Tokio y Nikko, el matemático japonés Yutaka
Taniyama (Japon 1927 – 1958) presentó una lista de 36 problemas. El Problema 12
contenía la semilla de la conjetura, sugiriendo una relación entre las
funciones $L$ de curvas elípticas y formas modulares.
Su amigo y colega Goro Shimura (Japón 1930 – 2019) refinó y formalizó la
idea. Shimura le dio el rigor matemático necesario y la difundió ampliamente en
la comunidad académica, conociéndose como la Conjetura de Taniyama-Shimura.
La Conjetura dice: Para cada curva elíptica sobre los números
racionales, existe una forma modular que le corresponde perfectamente.
En 1986, Kenneth Ribet (EE.UU. 1948) demostró que, si el Teorema de
Fermat fuera falso, existiría una curva elíptica tan extraña que no podría ser
modular. Esto cambió la meta: si se demostraba la Conjetura de
Taniyama-Shimura, se resolvía el Teorema de Fermat.
Andrew Wiles, un matemático británico que soñaba con este teorema desde
los 10 años trabajó en secreto durante siete años. En 1995, tras un intenso
proceso de revisión y la corrección de un error inicial, presentó la prueba
definitiva.
Wiles no usó aritmética básica; usó la "artillería pesada" de
la matemática moderna:
- Sistemas
de Taylor-Wiles: Una técnica para contar representaciones galoisianas que
permitió demostrar que las curvas elípticas de cierto tipo eran
efectivamente modulares.
- Teoría
de Deformación: Analizó cómo las propiedades de las ecuaciones cambian de
manera continua para "atar" las curvas elípticas a las formas
modulares.
- Álgebras
de Hecke: Estructuras que permitieron establecer la correspondencia entre
los coeficientes de las formas modulares y los datos de las curvas
elípticas.
El Último Teorema de Fermat no fue solo un reto de ingenio; fue el motor
que impulsó el desarrollo de la teoría de números moderna. Aunque Fermat
probablemente no tenía la "demostración maravillosa" que afirmaba
tener (dado que las herramientas de Wiles no existían entonces), su audacia nos
regaló uno de los viajes intelectuales más fascinantes de la historia. Hoy, el
teorema es una verdad absoluta, recordándonos que, en matemáticas, la
persistencia es tan importante como el genio.
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