"Es imposible ser matemático sin ser un
poeta en el alma." Sofía Kovalevskaya (Rusia n.15-01-1850 m.10-02-1891)
El siglo XIX no fue muy diferente de los anteriores para las mujeres que
tenían inclinaciones por las matemáticas o las ciencias en general, fue un campo
de batalla intelectual. Se caracterizó por una contradicción estructural:
mientras la ciencia avanzaba a pasos agigantados, las puertas de las
instituciones oficiales permanecían cerradas con llave para las mujeres.
En la mayor parte de Europa, las mujeres tenían prohibido matricularse
formalmente en la universidad. Esto las obligaba a buscar rutas alternativas
como seudónimos, tutores privados e incluso matrimonios concertados. Socialmente,
se aceptaba que una mujer supiera algo de matemáticas o astronomía siempre y
cuando se considerara un adorno intelectual o un hobby para el
hogar.
Como en épocas anteriores siempre hubo adelantadas que se sublevaron
contra estos dogmas y marcaron el camino para que otras también pudieran
emanciparse. En particular, en el siglo XIX se destacan por derecho propio:
- Ada
Lovelace: La Arquitecta del algoritmo.
- Sophie
Germain: El Genio bajo seudónimo.
- Mary
Somerville: La Unificadora del cosmos.
- Sofia
Kovalevskaya: La poeta de las Matemáticas.
Ada Lovelace (Reino Unido1815-1852) era hija del poeta Lord Byron, pero Ada
decidió que su lenguaje no serían las rimas, sino los números. Mientras todos
veían en la "Máquina Analítica" de Charles Babbage una simple
calculadora gigante, ella vio el primer ordenador. Escribió el primer algoritmo
de la historia, básicamente, es la "madre" de la programación.
Su trabajo más famoso no es un libro, sino las "Notas" que
añadió a la traducción de un artículo francés sobre la máquina de Babbage. Sus
notas eran tres veces más largas que el artículo original. En sus “Notas”,
Lovelace detalló un plan para que la “Máquina Analítica” calculara una
secuencia compleja de números racionales (los números de Bernoulli).
Diseñó operaciones de "bucle" (loops) y "saltos
condicionales" (if/then), conceptos que hoy son la base de cualquier
lenguaje de programación. Su gran aporte fue entender que, si una máquina podía
manipular números, y esos números podían representar entidades (como notas
musicales o letras), la máquina podría procesar cualquier cosa. Fue la primera
en ver que las computadoras no eran solo calculadoras glorificadas.
Su trabajo fue olvidado durante casi un siglo hasta que Alan Turing lo
redescubrió mientras trabajaba en los cimientos de la computación moderna
durante la Segunda Guerra Mundial. En 1980, el Departamento de Defensa de EE.
UU. nombró a un lenguaje de programación de alto nivel como “ADA” en su honor.
Sophie Germain (Francia 1776 – 1831) fue una matemática francesa que, para
poder estudiar en la Escuela Politécnica de París, tuvo que asumir la identidad
falsa de "Monsieur LeBlanc", cuando se descubrió su secreto,
matemáticos como Gauss quedaron asombrados por su talento.
En 1811, la Academia de Ciencias de París propuso un concurso para
explicar matemáticamente los patrones de arena que se formaban en placas
vibrantes, Germain fue la única en presentar una solución. Propuso una ecuación
diferencial de cuarto orden que explicaba cómo se curvaban las superficies
elásticas, un trabajo que permitió el desarrollo de la ingeniería estructural
moderna. Su trabajo fue vital para entender las vibraciones que permitieron,
años después, la construcción de estructuras como la Torre Eiffel. Injustamente,
aunque sus ecuaciones sobre la elasticidad de los metales fueron fundamentales
para que la torre se mantuviera en pie, su nombre no fue incluido entre los 72
científicos inscritos en la estructura.
En teoría de números, trabajó en el Último Teorema de Fermat. Demostró
que para un número primo $p$, si $2p + 1$ también es primo, entonces el teorema
es probable que se cumpla para ese exponente. Estos números hoy se llaman
"Primos de Germain" y son fundamentales en la criptografía moderna. Este
fue el mayor avance en el Último Teorema de Fermat en cien años. Mientras otros
intentaban probarlo número por número, ella adoptó un enfoque estratégico:
dividir los números primos en dos categorías. Esto permitió demostrar que para
todos los "Primos de Germain" ($p < 100$), la ecuación $x^p + y^p
= z^p$ no tenía soluciones simples.
Mary Somerville (Escocia1780–1872), a diferencia de otras niñas de la
alta sociedad, pasó su infancia corriendo libre por la costa de Burntisland, en
Escocia. Sus padres no creían en la educación femenina. A los 10 años, apenas
sabía leer. Sus padres la enviaron un año a un internado para aprender a
escribir y llevar las cuentas domésticas. Su entrada en las matemáticas fue
pura casualidad. Mientras ojeaba una revista de moda (la Lady's Magazine)
para ver patrones de costura, encontró un acertijo matemático que usaba letras
(X e Y). Se obsesionó con saber qué significaban esas letras. Logró que el
tutor de sus hermanos le consiguiera una copia de los “Elementos” de Euclides,
que leyó a escondidas por las noches.
Conocida como la "Reina de las Ciencias del siglo XIX", fue
una de las primeras mujeres en ser admitida en la Real Sociedad Astronómica, junto
con Caroline Herschel. Su capacidad para sintetizar diferentes ramas de la
ciencia fue tal que, en una reseña de su libro, se acuñó por primera vez el
término "científico" (scientist) para describirla. Este es quizás
su legado cultural más curioso, antes de 1834, se usaba el término "Man of
Science" (Hombre de ciencia), como este termino era gramaticalmente incorrecto
se acuñó el término "Scientist" para definir a alguien que, como
Mary, dominaba múltiples disciplinas con rigor profesional.
Su mayor logro fue la síntesis del Sistema Solar. Ella no solo traducía;
ella reconstruía. Su obra The Mechanism of the Heavens era una versión
"expandida" de la mecánica celeste de Laplace, este escribía de forma
extremadamente densa, saltándose pasos con la frase "es fácil ver
que...". Mary llenó esos vacíos con cientos de páginas de diagramas,
derivaciones matemáticas y explicaciones claras que permitieron a los
estudiantes británicos entender la física avanzada por primera vez.
Somerville analizó minuciosamente las anomalías en la órbita de Urano.
En la sexta edición de su libro de 1842, escribió una frase que cambiaría la
astronomía:
"Si después de un lapso de años las tablas
de Urano todavía no concuerdan con su posición real, las discrepancias podrían
revelar la existencia de otro planeta más lejano". Esta observación fue la que
inspiró directamente a John Couch Adams a realizar los cálculos matemáticos que
llevaron al descubrimiento de Neptuno en 1846.
Al final de su vida, su fama era tal que el gobierno británico le
concedió una pensión civil y el Somerville College de Oxford fue nombrado en su
honor, este fue uno de los primeros en admitir mujeres.
Sofia Kovalevskaya (Rusia 1850 – 1891) fue la primera mujer en obtener
un doctorado en matemáticas en la Europa moderna y la primera en ser nombrada
profesora universitaria en Suecia. En una Rusia que no dejaba estudiar a las
mujeres, Sofia se casó "por conveniencia" solo para poder viajar a
Alemania y estudiar.
Kovalevskaya fue una maestra del análisis matemático y la mecánica
celeste. El Teorema de Cauchy-Kovalevskaya es un pilar de las ecuaciones
diferenciales en derivadas parciales. Este teorema demuestra la existencia y
unicidad de soluciones para ciertos sistemas de ecuaciones, algo vital para
predecir fenómenos físicos como el flujo de fluidos o la propagación del calor.
Hizo estudios profundos sobre rotación de cuerpos, la Peonza de
Kovalevskaya es un ejemplo de un cuerpo de rotación sobre un punto fijo
altamente complejo. Antes de ella, solo se conocían dos casos, los de Euler y
Lagrange. La solución de Sofia no usaba geometría simple, sino “funciones
abelianas”, logrando resolver un problema que la Academia de Ciencias de Berlín
consideraba "irresoluble".
Ell gran matemático Karl Weierstrass (Alemania 1815 – 1897) no creía que
una mujer pudiera ser su alumna. Le puso una serie de problemas que él
consideraba extremadamente difíciles para "despacharla". Ella regresó
a la semana siguiente con soluciones originales y más elegantes que las del
propio profesor. Weierstrass se convirtió en su mentor de por vida.
Kovalevskaya fue pionera en introducir las funciones ultraelípticas para
resolver problemas físicos. Mientras otros matemáticos se perdían en la
abstracción, ella usó las herramientas más complejas del álgebra para explicar
el movimiento del mundo real.
Sofia creía que era imposible ser matemático sin tener "algo de
poeta en el alma". Escribió novelas exitosas (Una mujer nihilista)
y obras de teatro, argumentando que la intuición necesaria para resolver una
ecuación es la misma que se necesita para crear arte.
No fue hasta finales del siglo XIX (décadas de 1870-1890) cuando
universidades como Cambridge o Estocolmo empezaron, muy tímidamente, a permitir
que las mujeres fueran evaluadas o ejercieran la docencia. Estas mujeres no
solo resolvieron ecuaciones; resolvieron el problema de la desigualdad con
lógica y persistencia. Cada vez que usas un código en tu móvil o pasas por un
puente de acero, hay un poco del genio de estas pioneras en ello.